Las groserías de mi tierra

Las groserías de mi tierra

¿Nunca se han mirado en un espejo diciendo groserías? Deberían hacerlo, las groserías de nuestro país son de las cosas más bonitas que tenemos, su vocalización es divina. Hermosas palabras que decimos con la misma boca que decimos “en el nombre del padre, del hijo y del Espíritu Santo, amén”,  salen de lo más profundo de nuestro corazón y entre más lento las digamos más bonito van a sonar y a ofender al receptor.

No soy una persona que diga muchas groserías pero después de hacer el experimento en el espejo vocalizando gonorrea, pichurria y malparido, como me lo recetó un profesor, creo que se pueden volver parte de mí porque hasta bien me veo. En nuestro país hay infinidad de groserías ya creadas pero como los colombianos somos creativos y propositivos, buscamos la manera de volver una palabra tan común como gonorrea en uno de los insultos más utilizados día tras día. Gonorrea es una enfermedad venérea -yo de usted me mandaba a revisar por si las moscas- una enfermedad convertida en insulto y aún no sabemos por qué. No basta el argumento de decirle gonorrea a una persona sólo porque diciéndole algo así como enfermo logramos insultarlo. Si fuera así, yo les diría a todos mis amigos sífilis y onicomicosis para ofenderlos.

Al colombiano le suenan bien los insultos ¿y saben por qué?, porque los dice lentos y abriendo bien la boca. No es lo mismo que usted diga: “Fredy, usted es un malparido” a que diga “Fredy, usted es un mal-pa-ri-do”. Sí, así, despacio, sílaba por sílaba, bien vocalizado. ¡Qué hermosura! ¿O no, pi-chu-rrias?

Las groserías e insultos de otros países son de lo más aburridor comparados con lo nuestro. Aquí algunos ejemplos: vete a la chingada, la concha de tu madre, me cago en la leche, no seas güey, hijo de puta (aquí la hermosa hijueputa), lame pijas, entre otras. Groserías sin sentimientos. Sin alma. Sin sustancia. Sin Ricostilla.

Algunas veces no logramos quedar tranquilos con una grosería dicha y para esa intranquilidad lo que hacemos es duplicar o triplicar el insulto. Ya no decimos hijueputa sino, para mayor seguridad de que el destinatario se va a sentir peor, decimos doble hijueputa o triple hijueputa. Doble hermosura, triple hermosura. Este ejercicio que propongo del espejo debería ser parte de los talleres de vocalización por los que pasen esos locutores que hablan entre las muelas. Debería ser algo así como: “uno, dos, tres, probando micrófonos go-no-rre-as, uno, dos, tres, probando”.

Yo sé que este escrito debe ser uno en los que más groserías usted haya encontrado ¿pero dígame sino tengo la razon? Si usted hizo el ejercicio del espejo yo creo que me haya la razón y apoyará esta cháchara contada aquí. Nos vemos hermosos vocalizando bien. Cada vez que usted dice mal-pa-ri-do, florece una planta, un político es condenado, un revolucionario va a votar, Falcao hace un gol y le niegan la visa a un ladrón. Gracias por leerme manada de…

Anuncios

Un comentario en “Las groserías de mi tierra

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s